La Madre felicita a una religiosa por su profesión perpetua y expresa su valoración de la vida religiosa: una gracia extraordinaria y un beneficio inmenso, fruto del amor de Dios.
Caracas, 14 de Marzo de 1958
Pax Xti
Muy amada en Jesús y María:
¿Qué le diré con motivo de su consagración canónica, oficial, solemne, al servicio de Dios por su Profesión Religiosa? Quisiera enviarle mis parabienes, la expresión de mi gozo y de mi alegría por la GRACIA EXTRAORDINARIA Y EL BENEFICIO INMENSO que el Señor se digna hacer a V. al admitirla a su servicio, no de una manera cualquiera, sino para una entrega total y exclusiva y con una consagración admitida, refrendada y ratificada por la Iglesia.
La vida religiosa es una gracia y un beneficio, y no es una cruz ni un sacrificio. Cruz y sacrificio son el combate de nuestros defectos, de nuestras inclinaciones menos perfectas, de nuestra voluntad cuando está en disconformidad de la voluntad de Dios, pero esa cruz y ese sacrificio nos son necesarios para salvarnos dentro o fuera de la Religión. Esa cruz y ese sacrificio no son propiamente la vida religiosa.
Cierto que la vida religiosa es un tesoro y que su adquisición y conservación en muchas ocasiones tiene una historia: la de la parábola del tesoro escondido y de la perla preciosa que nos da a conocer el evangelio de San Mateo. El sacrificio está en ese "vendió todo cuanto tenía; pero en la perla, en el tesoro de la vida religiosa, está el gozo, la alegría y la plenitud de la posesión de lo mejor; creo que así se lo da a sentir el Señor. Que por intercesión de la Santísima Virgen, la primera criatura consagrada al servicio de Jesucristo, la Primera de la Compañía del Salvador, sienta esta verdad maravillosa durante toda su vida.
Va a empezar su vida religiosa: es vida de perfección, y vida de perfección es vida de caridad para con Dios y para con el prójimo por amor de Dios. Pero la caridad, el amor, es imposible sin el conocimiento del bien que ha de amarse, y el conocimiento de Dios lo engendra el trato con Dios. Trate mucho con Él, trate íntimamente en lo profundo de su corazón y trate constantemente con Él. Esta es la vida espiritual, y el amor a Jesucristo que en ella se cultiva transforma nuestra vida insensiblemente, casi sin darnos cuenta. Ese amor, cuando es intenso, fortalece nuestra voluntad ante el sacrificio pequeño, pero muy santificante, de nuestro quehacer diario; por ese amor sacrificamos el cultivo y la complacencia de nuestras "gracias y donaires" de estilo mundano y en cambio se recibe la gracia y donaire de los santos, como los recibió Santa Teresa de Jesús, San Francisco de Sales, San Pío X y tantos otros; y ese amor de Jesucristo nos hace sacrificar el afán y curiosidad de las cosas de fuera, y nos da la ciencia de la intimidad del alma humana juntamente con la ciencia de Dios, y es por ese sacrificio que tales dones nos alcanza por lo que podemos fructificar en las almas, y tal verdad queda bien confirmada con el ejemplo de tantos santos que tuvieron decisiva influencia entre sus semejantes, precisamente porque pusieron su atención sólo en Dios. Yo quisiera que su velo negro, su medalla insignia, su crucifijo de los Votos, le hablasen constantemente de esto: VIDA ESPIRITUAL INTENSA.
Religiosas así necesita la Compañía; así la quiere Dios, así la quiere la Santísima Virgen y así la quiere N. P. S. Ignacio. Y para que así sea, cuente con mis oraciones. Pida V. para mí y para todas las de la Compañía la misma gracia.
Suya en Jesús y María.
María Félix, C.S.
(Archivo General de la Compañía del Salvador - E 43,124)
