La Gloria de Dios

Sep 7, 2026 | Cartas y pensamientos

Esta carta, escrita a su Director espiritual al terminar la redacción provisional de las Constituciones, sintetiza toda la vida de la Madre y su trabajo fundacional. Ella misma lo expresa hacia el final de la carta: Es bien cierto que tan sólo deseo una cosa con toda mi alma: la glorificación de Dios.

 

Jhs.

Madrid a 27 de Junio de 1957.

Rdo. P. Cándido Mazón, S.J.

Pax Xti.

Reverendo Padre:

En Lérida y en Madrid ya han terminado el curso, muy bien gracias a Dios. Y como ya se lo habrán contado, o se lo escribirán de cada una de las Casas, no soy más extensa. En Barcelona parece que no terminarán hasta el 6 ó 7 del próximo mes, pero por ahora todo marcha bien.

Yo el último día del mes de Mayo, a las tantas de la noche acabé de escribir las enmiendas de las Constituciones, y como las Constituciones terminadas era el obsequio que deseaba ofrecer a la Santísima Virgen, las tomé así, en sucio todavía, y con ellas me bajé a la Capilla. Y allí, junto al Sagrario, en aquella hora de soledad y de silencio total, puse los Evangelios sobre mi cabeza y mi corazón y los besé fervorosamente, protestando ante mi Señor y mi Dios, que sólo el espíritu de Jesucristo, el amor de Él y su imitación y glorificación, deseábamos en la Compañía; hice otro tanto con el Misal, porque queremos ser hijas de la Iglesia y porque nuestra vida ha de ser Misa: Eucaristía y Sacrificio; y otro tanto repetí con las Constituciones de San Ignacio y rogué mucho a Nuestro Padre que él presentase nuestras Constituciones, hijas menores de las suyas, a la Santísima Virgen y a las Tres Personas de la Santísima Trinidad, y al final cogí aquel puñado de cuartillas y en espíritu las puse en sus manos y a él encomendé el curso de las mismas y la aprobación de todo lo que fuese según la voluntad de Dios y la anulación de lo que no lo fuese. Es bien cierto que tan sólo deseo una cosa con toda mi alma: la glorificación de Dios. Este es el gran deseo que el Señor ha puesto en mi corazón, este es su gran don, la gran gracia que me ha concedido. Este gran deseo que a veces es fuego y que siempre es luz, es el que me levanta en las caídas, el que me sostiene en el peligro, el resorte que me pone en pie, la fuerza impetuosa que llena mi alma de ansias infinitas de almas y de santidad, es el que me hace sentir de una manera única e inefable ese anhelo de Dios solo que, aunque algunas veces es martirio, es el único que da sentido de plenitud a mi vida.

Al empezar a escribir no era mi intención decirle estos sentimientos; pero no importa, ha sido una efusión de éstas que mi alma tan sólo sabe tener con V. R., porque Dios lo quiere y porque V. R. es según el Corazón de Él. Mañana es la fiesta de este Sacratísimo Corazón y quisiera amarle mucho y desagraviarle mucho. Somos las criaturas tan pequeña cosa para amar a Dios y desagraviar a Dios... pero Él lo pide y de mí quisiera que dispusiese a voluntad. (...)

 

(Archivo General de la Compañía del Salvador - M 301.57,008)